Entonces me di cuenta: venimos de mundos totalmente distintos.
Creo que ese es el motivo principal por el cual no dejamos nunca de chocar.
Tú, un niño de ciudad, criado y educado en un colegio privado, con afán de superación diario y con unas ganas inmensas de comerse el mundo porque así te enseñaron que debías ser.
En cambio yo, una chica del montón cuya infancia y adolescencia se ha desarrollado en un pequeño pueblo, con una educación marcada por el "nunca llegarás a nada" y acostumbrada al fracaso más absoluto desde niña.
No tenemos nada en común, y a pesar de que dicen que los polos opuestos se atraen, dudo mucho que en nuestro caso el dicho tenga algún sentido.
Somos totalmente distintos, con una visión del mundo absolutamente diferente, lo que para uno está bien, para el otro está fatal.
Nunca nos ponemos de acuerdo, siempre tenemos pensamientos distintos.
Que si, que no. Que te quiero, que no te aguanto más. Que lo intento, que quiero estar contigo, que no se lo que quiero. Que lo quiero intentar, que no quiero discutir cada día. Que te demuestro pero "tú nunca lo ves", que no soy nada sin ti, que no tienes motivos para desconfiar. Que nunca haces nada por mi, que me pones de los nervios, que eres todo para mi. Que siempre, que nunca, que bueno, que vale.
La cuestión es que no vamos a conseguir jamás ponernos de acuerdo. Somos distintos y cuanto antes lo aceptemos, mejor.
Distintos imposibles en un futuro menos claro..
No hay comentarios:
Publicar un comentario