sábado, 1 de noviembre de 2014

Egoísta.

Egoísmo. (Del lat. ego, yo, e -ismo)
1. m. Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.
2. m, Acto sujerido por esta condición personal. 

Según la RAE, esta es la definición de egoísmo.
Nunca, jamás en mi vida, me he considerado una persona egoísta.
Es más, creo que siempre he dado todo por todos sin pensar en mi. Y así me ha ido.
Y ahora llegas tú y, sin venir a cuento, me dices eso. 
¿Cómo tienes esa cara?
Nunca he mirado por mi en este tiempo.
Siempre hemos hecho lo que a ti te apetecía, cuando y como a ti te apetecía.
¿Después de todo, cómo puedes llamarme egoísta?
Si fuera egoísta, te habría dejado plantado aquella tarde en Sol. Aquella misma tarde en la que ni siquiera tuviste el valor de soltar la más mínima lágrima mientras que yo no dejaba de llorar. Precisamente aquella tarde en la que murió lo nuestro pero aún así he intentado con paciencia y espero recuperar todo este tiempo.
Si fuera una persona egoísta, aquel día me habría ido de tu lado para siempre, sin mirar atrás, ya que sabía que a tu lado no me esperaba más que planes hechos a tu antojo, ideas pensadas en ti pero para mi, obligaciones sin sentido y un sin número de cosas más.
No, no puedo decir que sea egoísta.
Es más, estoy segura de que cualquiera que me conozca un poco bien sería capaz de decir lo poco que suelo pensar en mi.
En cambio, no creo que la gente pueda decir lo mejor de ti.
Y todavía te permites el lujo de manchar mi nombre con ese insulto...

"Se cree el ladrón que todos son de su condición"

jueves, 23 de octubre de 2014

Sorpresa.

Nunca dejarás de sorprenderme.
Has conseguido que hoy, un día normal y corriente, haya sido especial y mágico.
Jueves, 23 de Octubre a las 2 de la tarde.
Eso no tiene nada de especial.
Voy caminando hacia la parada del bus, centrada en la dirección en la que camino, pensando si tardará mucho en llegar el 441.
Quedan apenas 5 metros para llegar a la parada y empiezo a reducir el paso. No veo el bus así que para qué correr.
Y de repente, así sin más, alguien me agarra por detrás y me coge en brazos. ¡TÚ!
No me lo esperaba. ¿Dónde estabas escondido?
Menudo susto... Menuda sorpresa.
Me sueltas y no puedo evitar sonreír. Cómo me gustas.. 
"Venga, hoy te invito a comer" dices así como si nada. 
Luego me das la mano y yo sólo me dejo llevar a donde tú quieras
Me encanta cuando estás así, cuando te comportas como realmente tú eres y dejas a un lado todo aquello que nos separa. 
No paro de pensar en lo mucho que me gustaría que fuera siempre así. 
Creo que me estás convenciendo, creo que te estoy creyendo.

Gracias.

martes, 21 de octubre de 2014

Recuérdame.

No lo niegues, sigues acordándote de mi. 
De mi risa, de como me gustaban tus cosquillas, de aquella noche en el sofá. 
Se que te acuerdas de ese día en moto, del beso en la esquina, de las quince llamadas la noche que me enfadé. 
Aún no has olvidado el primer día que viniste a recogerme a casa, tu cumpleaños en la casa del campo, las tardes a solas en el coche.
Acepta que echas de menos mis consejos, mi forma de ver la vida, a mi.
Se que aun piensas en la cena que no me hiciste, en la tarde que no viniste, en que hubiera pasado si el orgullo no te hubiera ganado. 
La culpa fue de los dos. 
Nunca debimos intentar lo que de niños no funcionó.

lunes, 20 de octubre de 2014

Distintos.

Entonces me di cuenta: venimos de mundos totalmente distintos.
Creo que ese es el motivo principal por el cual no dejamos nunca de chocar.
Tú, un niño de ciudad, criado y educado en un colegio privado, con afán de superación diario y con unas ganas inmensas de comerse el mundo porque así te enseñaron que debías ser.
En cambio yo, una chica del montón cuya infancia y adolescencia se ha desarrollado en un pequeño pueblo, con una educación marcada por el "nunca llegarás a nada" y acostumbrada al fracaso más absoluto desde niña.
No tenemos nada en común, y a pesar de que dicen que los polos opuestos se atraen, dudo mucho que en nuestro caso el dicho tenga algún sentido.
Somos totalmente distintos, con una visión del mundo absolutamente diferente, lo que para uno está bien, para el otro está fatal.
Nunca nos ponemos de acuerdo, siempre tenemos pensamientos distintos.
Que si, que no. Que te quiero, que no te aguanto más. Que lo intento, que quiero estar contigo, que no se lo que quiero. Que lo quiero intentar, que no quiero discutir cada día. Que te demuestro pero "tú nunca lo ves", que no soy nada sin ti, que no tienes motivos para desconfiar. Que nunca haces nada por mi, que me pones de los nervios, que eres todo para mi. Que siempre, que nunca, que bueno, que vale.
La cuestión es que no vamos a conseguir jamás ponernos de acuerdo. Somos distintos y cuanto antes lo aceptemos, mejor.


Distintos imposibles en un futuro menos claro..

sábado, 22 de marzo de 2014

¿Hasta cuándo?

Lo sabía. Sabía que contigo lo bueno nunca dura para siempre. ¿Por qué sigo creyéndote?
Una vez más me fallas. Un feo más que se suma a la larga lista. ¿Hasta cuándo?
No pienso seguir esperando a que un día, así porque si, te de por hacer las cosas bien.

Estoy harta. HARTA.


viernes, 21 de marzo de 2014

Increíble.

Me encanta empezar el día con buenas noticias. Es genial.
Aunque nada es tan bonito como abrir los ojos y verte ahí, dormido, tan tranquilo y despreocupado como siempre. ¡Qué bonito eres!
De nuevo parece que la vida empieza a sonreírme.
No puedo evitarlo, se me caen las lágrimas. Me parece tan increíble..
Y sin embargo ahí estás, a mi lado, abrazado a la almohada y soñando vete tú a saber qué. ¿Será conmigo? No sé si quiero saberlo.
Estoy contenta. Muy contenta. Y me parece extraño, porque hacía mucho que no lo estaba. Pero en el fondo no me extraña tanto. Me lo merezco (o eso creo).
Te miro de nuevo y no puedo evitar sonreír. Eres tú, la razón de mi sonrisa y lo sabes. Lo pienso mientras te acaricio el pelo. Como me gusta. Ojala cada día fuera así.
Te beso, suave, sin que te enteres. No quiero despertarte, quiero alargar este momento lo máximo posible.
¡Qué bonito eres!, vuelvo a pensar. Me vuelvo a la cama, no voy a clase.

Por mucho que aprieto tus manos, me cuesta creer que aún no te hayas marchado.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Despacio.

Poco a poco.  Así, sin prisa.
Parece que de repente las cosas cambian, sin esperarlo, sin motivo. Cambio radical.
Empiezo a creer que lo estás entendiendo, que te has dado cuenta, que de verdad no quieres que esto acabe. ¿Será cierto? Quien sabe.
Dame motivos para creer en ti. De verdad, lo quiero.
Prométeme que siempre vas a estar ahí, y cúmplelo.  Te quiero.

Hoy dame sólo una razón y me enfrento al mundo por los dos.

Algún día.

No puedo seguir así. Empiezo a estar cansada de esta inestabilidad emocional, o inestabilidad a secas. Nada, absolutamente nada es estable en mi vida hoy por hoy. Nada está donde debe estar, ni siquiera yo estoy en el sitio adecuado.
Si doy dos pasos hacia adelante, después serán cinco hacia atrás. Y así, una y otra vez.
No quiero esto más. Estoy harta de valorar cada día que parte de la balanza se inclina más, de preguntarme si merece la pena o no.
Creo que estoy pagando un precio demasiado alto, y ya no sé si lo hago por mi misma o tan sólo para demostrarle al mundo que yo sola puedo con todo. Pero no es así. No soporto sentirme sola, ni perdida, ni vacía.
Hace tiempo que la felicidad no dura más de medio día. No paro de subir y bajar, esperando que algo cambie cuando quizá sea yo la que tiene que cambiar. Tengo miedo.
Siempre he llevado encima mi mejor sonrisa. Ahora en cambio lloro cuando nadie me ve. Llorar calma, alivia.. y hunde aún más.
A veces, me gustaría ser la única persona que pudiera condicionar mi felicidad. Mi propia felicidad. Pero hasta el tiempo se ha tomado el derecho de borrar las sonrisas y curar las heridas.
Soy consciente de que estoy más cerca del suelo que del cielo, pero prometo levantarme.

Puede que las cosas no salgan como yo quiera. Puede que día tras día, no pare de hacerme las mismas preguntas. Pero todo eso, no va a impedir que tarde o temprano sea feliz.

Nunca.

No paro de pensar. Es imposible.
Sin querer, vuelvo a hurgar en mi pasado creyendo, como no, que lo que hay detrás ya no me causará ningún daño.
Maldigo con ganas esta capacidad de recordarlo todo.
Hemos sido tanto...
Fuimos dos niños, inexpertos e inocentes, que jugaban a quererse sin saber que, años después, dejaría de ser un juego.
Fuimos dos polos opuestos, totalmente. La cura y la enfermedad. La noche y el día. Blanco y negro.
En cambio eso no nos pudo nunca y ahí estabas, siempre que miraba a mi lado. Siempre volvías, siempre.
Tal vez sea eso lo que más he valorado siempre de ti.
Juntos, llenamos cientos de lugares de nuevos comienzos, de sonrisas, de empezar de cero. Luchamos contra cualquier obstáculo por permanecer juntos.
Fuimos cada tontería, cada cómplice sonrisa, cada canción, cada abrazo, cada beso, cada guiño, cada sorpresa, cada amanecer, cada susurro, cada mordisquito, cada uno de los días.
Fuimos demasiado y ahora, en cambio, no somos más que cada grito de rabia que no dudamos en echarnos a la cara, cada lágrima, cada noche en vela, el miedo a perderte, cada reproche, cada duda, cada arrepentimiento.

Nunca sirvió de nada dejar el pasado atrás. Siempre terminamos tropezando más adelante.

Difícil.

Hacía tiempo, demasiado tiempo, que no escribía. Tanto, que casi había olvidado por completo lo mucho que desahoga escribir. Pensaba que nunca más tendría que retomar ese vicio inconfesable, pero lo necesito. Esta es para mí la única forma de poder decir todo lo que quiero decir, aquí, donde nadie puede leerme.
Ya no sé qué pensar. No puedo seguir así. Me ahogo, sola, entre cuatro paredes.
Ya no estás. O por lo menos, no de la forma en que a mi me gustaba que estuvieras.
Antes todo era distinto, lo sabes. Todo eran risas y sueños por cumplir. Ahora no.
Las cosas han cambiado, mucho, demasiado para mi gusto. 
He intentado de mil maneras que esto siguiera adelante, lo he dado todo por ti, he perdonado cosas imperdonables y he hecho todo lo posible para que esto fuera increíble. Siempre he pensado sólo en ti, en tu felicidad, en lo único que día a día hacía que me levantara con una sonrisa cada mañana... La misma sonrisa que poco a poco fuiste apagando.
Las discusiones son algo inevitable, por mucho que insistas en no querer discutir. Antes eran pequeñas disputas por tonterías, pero ahora la rabia nos come. Nos ahogamos entre gritos y lágrimas, sacando lo peor de nosotros sin importar lo hirientes que puedan llegar a ser nuestras palabras. 
'No podemos dejar que esto se acabe', o eso me repito una y otra vez.
Pero no puedo engañarme, no a mi misma.
Es difícil continuar con algo que te hace daño, ver que todo el esfuerzo que haces está infravalorado. 
Te juro que a tu lado me he sentido la reina del mundo y reconozco que se me llenan los ojos de lágrimas al recordar todo lo que has hecho por mi. ¿Por qué no puede ser así de nuevo? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? No paro de preguntármelo.
Quizás, tal vez, el tiempo sea la solución.

Que sea lo que tenga que ser.