Ya no sé qué pensar. No puedo seguir así. Me ahogo, sola, entre cuatro paredes.
Ya no estás. O por lo menos, no de la forma en que a mi me gustaba que estuvieras.
Antes todo era distinto, lo sabes. Todo eran risas y sueños por cumplir. Ahora no.
Las cosas han cambiado, mucho, demasiado para mi gusto.
He intentado de mil maneras que esto siguiera adelante, lo he dado todo por ti, he perdonado cosas imperdonables y he hecho todo lo posible para que esto fuera increíble. Siempre he pensado sólo en ti, en tu felicidad, en lo único que día a día hacía que me levantara con una sonrisa cada mañana... La misma sonrisa que poco a poco fuiste apagando.
Las discusiones son algo inevitable, por mucho que insistas en no querer discutir. Antes eran pequeñas disputas por tonterías, pero ahora la rabia nos come. Nos ahogamos entre gritos y lágrimas, sacando lo peor de nosotros sin importar lo hirientes que puedan llegar a ser nuestras palabras.
'No podemos dejar que esto se acabe', o eso me repito una y otra vez.
Pero no puedo engañarme, no a mi misma.
Es difícil continuar con algo que te hace daño, ver que todo el esfuerzo que haces está infravalorado.
Te juro que a tu lado me he sentido la reina del mundo y reconozco que se me llenan los ojos de lágrimas al recordar todo lo que has hecho por mi. ¿Por qué no puede ser así de nuevo? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? No paro de preguntármelo.
Quizás, tal vez, el tiempo sea la solución.
Que sea lo que tenga que ser.
No hay comentarios:
Publicar un comentario