miércoles, 19 de marzo de 2014

Nunca.

No paro de pensar. Es imposible.
Sin querer, vuelvo a hurgar en mi pasado creyendo, como no, que lo que hay detrás ya no me causará ningún daño.
Maldigo con ganas esta capacidad de recordarlo todo.
Hemos sido tanto...
Fuimos dos niños, inexpertos e inocentes, que jugaban a quererse sin saber que, años después, dejaría de ser un juego.
Fuimos dos polos opuestos, totalmente. La cura y la enfermedad. La noche y el día. Blanco y negro.
En cambio eso no nos pudo nunca y ahí estabas, siempre que miraba a mi lado. Siempre volvías, siempre.
Tal vez sea eso lo que más he valorado siempre de ti.
Juntos, llenamos cientos de lugares de nuevos comienzos, de sonrisas, de empezar de cero. Luchamos contra cualquier obstáculo por permanecer juntos.
Fuimos cada tontería, cada cómplice sonrisa, cada canción, cada abrazo, cada beso, cada guiño, cada sorpresa, cada amanecer, cada susurro, cada mordisquito, cada uno de los días.
Fuimos demasiado y ahora, en cambio, no somos más que cada grito de rabia que no dudamos en echarnos a la cara, cada lágrima, cada noche en vela, el miedo a perderte, cada reproche, cada duda, cada arrepentimiento.

Nunca sirvió de nada dejar el pasado atrás. Siempre terminamos tropezando más adelante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario